Frunces el ceño todo el día sin darte cuenta.
Frente a la pantalla, contra el sol, cuando lees el celular. Miles de gestos al día que tu piel acaba archivando siempre en la misma línea.
Ahí va el primer puntito.
“La línea sigue ahí, pero se ve menos profunda y la piel alrededor mucho más lisa.”
